Etimologías y
año nuevo
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La etimología es
el arte de descubrir los orígenes de las palabras remontándose al idioma del
cual procede dicha palabra, lo que puede resultar sorprendente y en ocasiones
revelador. Es probable que se entienda un poco mejor, o que se comience a
entender, lo que es la poesía cuando se sabe que se origina en la palabra
griega Poiesis la que a su vez se conecta con la idea de creación. Pero no
parece que se pueda ir mucho más allá con ese tipo de descubrimientos-aunque
Heidegger parezca ir a veces más allá de toda limitación en su deducción de
significados-El hecho es que la etimología, generalmente, poco aporta
realmente y se ve como una forma secundaria y casi meramente decorativa de
conocer.
Sin embargo,
podría haber un sentido distinto de etimología, uno más filosófico y que se
ocupa menos de la gramática y más de la significación real de las palabras.
Me gustaría hablar de significado absoluto. hay que explicar esto.
Decimos que algo es relativo cuando se establece en relación a otra cosa, podemos decir, por ejemplo, cuando en un plano cartesiano se ubica un punto en relación a ciertas específicas coordenadas, pero siempre cabe preguntarse dónde se ubica, en términos absolutos, dicho punto. Lo mismo vale para las palabras. Una palabra puede tener diferentes significados relativos, a los cuales llamamos acepciones, pero debiera existir una forma de concebir cada palabra que sea absoluta, es decir, independiente de toda referencia a un contexto específico. Su significado absoluto. Y esta sería su verdadera etimología, lo que la palabra quiso decir en su origen y lo que nombra en sentido absoluto. Con el paso del tiempo, las palabras, igual que las cosas, van perdiendo su fuerza y su sentido, se desgastan en el uso, y llega un momento en que casi no significan: son rutinarias. Pasamos sobre las palabras sin prestarles atención, tal como de hecho pasamos por las cosas sin verlas. Así, árbol es lo que se realiza en el árbol que crece en una calle por la que pasamos todos los días pero que difícilmente recordamos. En estos días hemos entrado en un Año nuevo sin que pensemos demasiado lo que esto significa, salvo en el sentido rutinario de hablar de una fiesta y de desearnos un buen nuevo año. Un año es un ciclo y, como todo lo circular, no tiene propiamente un inicio ni un fin a menos que lo fijemos arbitrariamente. Por lo tanto, lo interesante es lo que significa en cuanto nuevo y en cuanto circulo que siempre se inicia y siempre termina |
filosofía, arte y religión
martes, 1 de enero de 2013
domingo, 30 de diciembre de 2012
Publicidad y valores en un mundo sin valores
La publicidad, se dice, apareció en los orígenes de la historia humana. Existe un texto sumerio que tiene el dudoso honor de ser el primer texto publicitario conocido. Muy bien, la publicidad es necesaria y forma parte de la evolución misma de la sociedad, sin ella no tendríamos acceso a la información respecto de los productos y sus ventajas comparativas. Pero otra cosa es el rol que en la actualidad desempeña la publicidad en nuestra sociedad, un rol que va claramente mucho más allá de la simple difusión de productos.
La invención de la imprenta por Gutenberg fue el inicio de una transformación cuyos alcances todavía no somos capaces de comprender ni de dimensionar, después de todo estamos en ella y no podemos distinguir lo que realmente significa. En la actualidad, aceptamos como un hecho de la cusa el que todo medio de comunicación deba llevar adosada la publicidad, ni siquiera nos cuestionamos su presencia y rara vez nos detenemos a reflexionar sobre sus contenidos. Esto mismo la convierte casi mecánicamente en una suerte de publicidad subliminal, precisamente porque no le prestamos atención. Se nos dice que, como siempre ha existido, no hay mayor razón apara hacer escándalo respecto de ella, y cuando alguien se atreve a criticarla, se le acusa de retrogrado y moralista.
Por mucho que la publicidad nos acompañe desde hace siglos, es evidente que en nuestro siglo hipercomunicado su importancia y significación se ha incrementado de manera exponencial. Y esto no implica que necesariamente sea muy eficiente en lo que debiera ser su fin principal: informar de la existencia de productos interesantes o convenientes. En realidad, tal vez el mayor efecto que produce la publicidad sea el crear una especie de atmósfera en la que son sus valores los que predominan y destruyen casi con indiferencia cualquier otro tipo de valor que pueda aún existir en su entorno. Así, por ejemplo, hemos visto en la reciente navidad, donde la figura del Viejo Pascuero ha casi por completo hecho desaparecer la de Jesucristo
Y no se trata solamente del ya consabido consumismo-de eso se trata la publicidad después de todo- sino que se trata de otros antivalores que se hacen casi obvios y pasan a formar parte del modo de ver la realidad. Por ejemplo, la mentira. Todos sabemos que los avisos con los que se nos bombardea son en buena parte falsos, que están llenos de inexactitudes, que, en definitiva, mienten. Sabemos que tal producto está lejos de ser "revolucionario", que "la oportunidad que no volverá a repetirse" sí se repetirá, sabemos que la "liquidación con precios increíbles" es sólo una más de muchas. Nos acostumbramos a la mentira, vivimos en ella y, por eso entre otras cosas, llegamos a aceptar sin discutir que los políticos mientan, pues, después de todo, lo que ellos están intentando es también simplemente conquistar un mercado.
La mentira deja de ser un recurso de ocasiones difíciles y se convierte en norma creando una atmósfera generalizada de derrota y de cinismo. Por lo mismo, los sentimientos, las emociones, los estados más íntimos del alma humana se convierten también en moneda de cambio. Así vemos que un reencuentro entre hermanos, que una disputa entre amigos, que una tarde de padre e hijo son solo un recurso más para vender.
Se podría objetar que esto siempre ha sido así, pero la verdad es que no siempre lo fue, entre otras cosas porque los primeros publicistas-recién de principios del siglo XIX- no estudiaban psicología, y porque hoy la publicidad nos acompaña casi a cada instante, en todo lugar, a toda hora. Vivimos en ella.
Por mucho que la publicidad nos acompañe desde hace siglos, es evidente que en nuestro siglo hipercomunicado su importancia y significación se ha incrementado de manera exponencial. Y esto no implica que necesariamente sea muy eficiente en lo que debiera ser su fin principal: informar de la existencia de productos interesantes o convenientes. En realidad, tal vez el mayor efecto que produce la publicidad sea el crear una especie de atmósfera en la que son sus valores los que predominan y destruyen casi con indiferencia cualquier otro tipo de valor que pueda aún existir en su entorno. Así, por ejemplo, hemos visto en la reciente navidad, donde la figura del Viejo Pascuero ha casi por completo hecho desaparecer la de Jesucristo
Y no se trata solamente del ya consabido consumismo-de eso se trata la publicidad después de todo- sino que se trata de otros antivalores que se hacen casi obvios y pasan a formar parte del modo de ver la realidad. Por ejemplo, la mentira. Todos sabemos que los avisos con los que se nos bombardea son en buena parte falsos, que están llenos de inexactitudes, que, en definitiva, mienten. Sabemos que tal producto está lejos de ser "revolucionario", que "la oportunidad que no volverá a repetirse" sí se repetirá, sabemos que la "liquidación con precios increíbles" es sólo una más de muchas. Nos acostumbramos a la mentira, vivimos en ella y, por eso entre otras cosas, llegamos a aceptar sin discutir que los políticos mientan, pues, después de todo, lo que ellos están intentando es también simplemente conquistar un mercado.
La mentira deja de ser un recurso de ocasiones difíciles y se convierte en norma creando una atmósfera generalizada de derrota y de cinismo. Por lo mismo, los sentimientos, las emociones, los estados más íntimos del alma humana se convierten también en moneda de cambio. Así vemos que un reencuentro entre hermanos, que una disputa entre amigos, que una tarde de padre e hijo son solo un recurso más para vender.
Se podría objetar que esto siempre ha sido así, pero la verdad es que no siempre lo fue, entre otras cosas porque los primeros publicistas-recién de principios del siglo XIX- no estudiaban psicología, y porque hoy la publicidad nos acompaña casi a cada instante, en todo lugar, a toda hora. Vivimos en ella.
martes, 25 de diciembre de 2012
Arte
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En
un proceso iniciado a finales del siglo XIX, posiblemente siguiendo un
impulso proveniente del impresionismo, el arte se fue progresivamente
volviendo más y más abstracto. En un sentido filosófico tal es posible
rastrear el origen de esta tendencia en el propio Hegel en cuanto él propone
una concepción del arte más basada en el sujeto que en el objeto, por lo
mismo que su filosofía pretende ser sobre todo un comprender la totalidad
como sujeto.
En un sentido más
concreto, la forma abstracta del arte comienza a parecer a medida que los
artistas descubren que la pura representación de lo real no es el fin único
del arte. Es posible mostrar, representar, los mundos interiores, el enorme
mundo de lo no concreto que forma la materia de los pensamientos.
Surgen así las diferentes
corrientes que pretenden llevar hasta sus límites al arte mismo, al liberarlo
de su sujeción a lo real. Por otra parte, esto era un camino bastante lógico
y hasta esperable, en la medida que la fotografía comenzaba a hacer asequible
para todos una forma fácil, barata y absolutamente fidedigna de copiar la
realidad.
El
arte abstracto es entonces la conclusión casi inevitable de un período , y el
inicio de un nuevo modo de concebir lo artístico
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